2006-04-01
Verde Esperanza Granadina Ahora
En esta primavera de 2006 el recuerdo de los paseos por la vega para disfrutar y comer habillas tiernas se cruza con la preocupación por el futuro de la que nos queda. Aquellos años en los que la vega era una presencia viva en la ciudad,…………
En esta primavera de 2006 el recuerdo de los paseos por la vega para disfrutar y comer habillas tiernas se cruza con la preocupación por el futuro de la que nos queda. Aquellos años en los que la vega era una presencia viva en la ciudad, porque bastaban pocos metros para estar en ella. El Camino de Purchil y sus alrededores eran a la vez un lugar cercano y lejano. Las vegas de Huétor, Cájar, La Zubia, …a la que se llegaban con el tranvía o caminando. Era una salida, una excursión, una aventura. Ahora más que una aventura es un milagro que nuestros hijos e hijas puedan acercarse a la vega caminando, sin encontrar coches, ladrillos u hormigón a su paso. Pero si ahora es un milagro, dentro de poco será imposible si no lo remediamos.
La ciudad, los pueblos de su área metropolitana fueron extendiéndose por la zona más verde. Se invadieron cañadas reales (el Camino de Ronda lo es), acequias (esas que hicieron los árabes cuando estuvieron aquí antes de que los echaran), y una de las mejores tierras de cultivo que existen en Europa. Se invadió la vida. A cambio de ladrillos, hormigón y asfalto. El verde fue retrocediendo frente a la amenaza cada día más fuerte del gris. El aroma de las flores por el asfixiante humo de los tubos de escape y las calefacciones. Los tranquilos paseos por sus veredas por el caminar rápido y precipitado en las aceras. Un presente humano y un futuro sostenible por el enriquecimiento fácil y rápido de unos cuantos. El “desurbanismo” desenfrenado que ha hecho los callejones del Camino de Ronda, los laberintos de nuestros pueblos, el crecimiento incontrolado de la no ciudad, esa donde existen viviendas, pero no servicios, esa que se vende con la promesa de “a cinco minutos del centro de Granada” pero que cada día se aleja más.
Los ladrillos devoran a Gea, la madre tierra, aquella de la que provenimos y a la que volveremos. Aquella que nos provee de lo que necesitamos para vivir. Alimentos, agua, tranquilidad, trabajo, placer, riqueza. Al mismo tiempo que desaparece la vega hay menos reservas de agua. Cada parcela de tierra que se construye son litros y litros de agua que perdemos.
Con el corazón defiendo la vega de Granada. Porque en el corazón la llevo. Porque me he criado con ella. Porque mi padre y mi madre me enseñaron a quererla, a respetarla, a cuidarla, a disfrutarla. Porque se lo he enseñado a mi hijo y quiero que él se lo enseñe a los suyos. Es ley de vida. De una vida pensada en un futuro lleno de vida.
Pero también con la razón. Con las razones que tengo para elevar mi voz junto con otras muchas para decir: ¡salvemos la vega! Ya, ahora, de una vez por todas. No podemos seguiren silencio. Granada no puede permitir una vez más perder. El enriquecimiento de unos pocos, las necesidades de financiación de los ayuntamientos no pueden ser excusa para acabar con el futuro.
Hay que acabar con la “marbellización” de la vega. Porque hay otro futuro, hay otros caminos que garantizan mantenerla como motor de desarrollo y riqueza. Un futuro lleno de esperanza para protegerla e impulsar un parque agrario y cultural. Que permita una agricultura de futuro. Un parque agrario conectado con el Campus de Ciencias de la Salud en la investigación biomédica. En la transformación agroalimentaria. En la conexión con las necesidades culturales, educativas y de ocio de la población.
En definitiva, un desarrollo futuro para la Vega. Un futuro de esperanza y riqueza. Para eso lo primero que hay que hacer es protegerla. La Junta de Andalucía tiene que pasar de las palabras a los hechos y materializar la protección. Ya es el día. Ya no hay más espera. Esees el futuro de nuestra tierra. Una tierra donde apreciar el dulce aroma de sus flores, el verdor de sus campos, la suavidad de su brisa, el frescor de su aire en verano y la calidez de su sol en invierno. Esa es la verde esperanza granadina de ahora.