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2007-02-28

La Granada que anhelo 1. Su diseño urbanístico

Publicado por el Diario La Opinión de Granada el día 28 de febrero del año 2007

Recuerdo con especial cariño las manos de mi padre. Eran grandes, cuidadas. Cuando mi pequeña mano se perdía entre las suyas yo me sentía segura y protegida. En nuestros paseos me enseñó a amar las calles de Granada, las altas cumbres de Sierra Nevada, las huertas de nuestra Vega. Mi padre, aunque no conocía la teoría, sabía que existían los límites ambientales. Perdidos éstos, Granada se ha convertido en una ciudad herida que tiene que sanar.

Para conseguir esa Granada sana, que yo anhelo, es imprescindible un cambio en el modelo urbano. Granada se ha convertido en una gran ciudad con todos los inconvenientes de éstas y muy pocas de sus ventajas. El crecimiento descontrolado y caótico de su Área Metropolitana ha hecho que nuestra ciudad sea el centro de una metrópoli de cerca de 500.000 habitantes, donde el ladrillo, el hormigón y el gris, junto con el caos de tráfico y el desmadre urbanístico, son protagonistas absolutos. Quienes viven y trabajan en esta conurbación urbana se ven a diario imposibilitados para llegar a tiempo a su trabajo, a la escuela o al mercado. ¿Puede ser de otra forma? ¡Por supuesto que sí! Basta con invertir la tendencia y diseñar una ciudad y un Área Metropolitana pensando en los seres humanos.

Granada no puede seguir creciendo al ritmo que marca el vehículo privado. Mientras que las grandes urbes europeas han ido abandonando esta trasnochada forma de diseñar la ciudad, y les ha ido muy bien, aquí, desgraciadamente, Torres Hurtado y el PP en el Ayuntamiento de Granada, han intensificado las transformaciones que han hecho de Granada una ciudad inhabitable sometiéndola a una espiral insostenible: a más túneles y más carriles, más tráfico y viceversa. No se puede seguir diseñando una Granada que regala más espacios al vehículo privado a costa de robárselo a las personas. Así ha sucedido en la Avenida de Madrid, en el Paseo del Violón o en el Paseo de la Fuente de la Bicha; el espacio viario se ha destinado a las calzadas y aparcamientos, reduciéndose a la mínima expresión el espacio para el peatón y las zonas verdes.

La ciudad que anhelo diseña un urbanismo diferente; piensa en el ser humano, en su accesibilidad y movilidad, prioriza los modos más sostenibles como el peatonal, la bicicleta y el transporte público; crea zonas urbanas con más espacios peatonales, libres de ruidos y demás contaminantes producidos por el desmesurado tráfico privado. Así, personas de todas las edades y condiciones (la infancia, la vejez, las discapacitadas físicas, …) recuperaremos las calles y los espacios granadinos, de los que en cierta forma hemos sido expulsadas. Limitando el tráfico de coches de nuestra ciudad, recuperaremos las estampas de las niñas y niños con sus pequeñas manos entre las de sus padres paseando y sintiéndose seguros y a gusto por las calles de Granada.

Granada necesita otra política urbana para volver a ser la ciudad del verde y del agua. Frente al gris hormigón en el que la transforma Torres Hurtado día a día es necesario incrementar los espacios verdes y el arbolado urbano, elementos básicos de nuestra ciudad que son parte de sus señas de identidad y, a la vez, imprescindibles para garantizar que la ciudad sea verdaderamente habitable. No son meros elementos de ornato, como los entiende Torres Hurtado, sino emblemas que aportan vida a nuestra ciudad. Por eso es necesario esmerar su cuidado, su conservación. Toda obra o actuación que se pretenda desarrollar sobre los espacios verdes y arbolados de la ciudad, debe realizarse con respeto y un escrupuloso cumplimiento de las ordenanzas de protección de dichos espacios verdes, algo incumplido por Torres Hurtado y el PP desde el Ayuntamiento de Granada. De ahí las talas y muertes masivas de muchos de nuestros valiosos árboles adultos.

La Granada que anhelo tiene que tener una superficie mínima de diez metros cuadrados de espacio verde por habitante, como sucede en Vitoria o Gerona, para que todos los granadinos y granadinas tengamos accesibles unos espacios para el esparcimiento y descanso libres de contaminación. Para conseguirlo es necesario respetar el arbolado consolidado existente, mantenerlo vivo, cuidarlo como si de las niñas de nuestros ojos se tratara. Porque a través del cuidado y mejora de los espacios verdes existentes junto con la creación de otros nuevos, especialmente en el centro urbano tan gris de asfalto y hormigón, caminaremos hacia una ciudad más humana, hecha por y para las personas. En este punto, la Granada que anhelo no puede entenderse sin la Vega, tan agredida últimamente. Medidas que la dinamicen harán que los granadinos y las granadinas podamos disfrutar de ese mar verde, de nuestra “Alhambra verde”.

Cuando era pequeña y mi pequeña mano se perdía entre las grandes y hermosas de mi padre, recorría, confiada y dichosa, una ciudad a la que aprendía a querer. Los paseos familiares por el Salón, la Acera del Casino (y la consabida foto), la Alhambra u otros lugares de mi ciudad iban desarrollando en mi mente infantil un modelo de ciudad a la medida de las personas, donde disfrutar del paseo tranquilo y donde poder acudir al colegio, al trabajo o a la compra a tiempo. Mi anhelo es configurar una ciudad en la que, como diría Jorge Riechmann se tengan en cuenta “los límites y la ética necesaria para convivir con ellos en paz y de forma enriquecedora y gratificante acrecentando sin tasa los placeres de la buena convivencia”, para lo cual es inaplazable un gobierno basado en la autolimitación, con una posición política netamente democrática y un plan de trabajo que no hipoteque el futuro de Granada.

 

 

 

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