2006-07-25
Prevenir para no talar
Hace algunos días un olmo de la Avenida de la Constitución caía al suelo. Muerto. El alcalde llamó urgentemente a personal técnico que lo único que pudo hacer fue certificar su muerte como si de un forense del CSI se tratara. Entonces el alcalde, Sr. Torres Hurtado, habló de que el ciclo vital de los olmos de la Avenida de la Constitución había llegado a su fin. Pero el Sr. Torres Hurtado no explica las razones por las cuales se ha acortado el ciclo vital de estos olmos de sombra en quince, veinte o más años. El Sr. Torres Hurtado solamente habla de que fueron mal plantados y que están en tan malas condiciones que es imprescindible talarlos para garantizar la seguridad de las personas.
¿Antes de las obras no era necesario garantizar la seguridad de los viandantes?
¿Antes de las obras los árboles estaban muertos, en peligro de muerte o habían finalizado su ciclo vital?
¿Antes de las obras los árboles eran un peligro público?
Si esto fuese así una vez más el Sr. Torres Hurtado no habría actuado convenientemente al no poner los remedios adecuados para garantizar la seguridad de las personas, sino por el contrario embarcarse en unas obras faraónicas que han acelerado la muerte de los árboles. ¿Cómo pudo el alcalde prometer que los árboles permanecerían en la calle si estaban en tan malas condiciones? O entonces no lo sabía o ahora falta a la verdad. Lo que sí parece seguro es que realizan las obras sin tener un estudio previo de la situación del arbolado, sin tener un proyecto previo de intervención en los mismos y sin conocer cuáles iban a ser las consecuencias reales que dichas obras iban a causar en los árboles. Las obras producen heridas en los troncos, rotura de ramas, amputaciones de raíces y compactación de los suelos de enraízamiento, que en muchos casos generan daños directos en la vitalidad de los árboles y en otros casos se evidencian al paso del tiempo, con una progresiva pérdida de vigor que termina con su muerte.
En la política de fachada y escaparate, hábilmente practicada por el Sr. Torres Hurtado, se rodeó parte del tronco de los árboles con cañizo (como si el problema fuese el sol que podría darles) cuando las ordenanzas establecen que los árboles se protegerán a lo largo del tronco y en una altura no inferior a 3 m. desde el suelo, con tablones ligados con alambres o cualquier otra protección eficaz que se retirará una vez terminada la obra. En la Avenida de la Constitución se ha realizado zanjas que no están a la distancia recogida en las ordenanzas (Ordenanzas municipales del PGOU del 2001. Capítulo 3º. Artículo 1.3.5. 4.b.2. “Cuando se abran hoyos o zanjas próximas a plantaciones de arbolado, bien sean calles, plazas, paseos o cualquier otro tipo, la excavación no deberá aproximarse al pie del mismo más de una distancia igual a cinco veces el diámetro del árbol a la altura normal, 1,20 metros y, en cualquier caso, esta distancia será siempre superior a 0,50 metros). Por el contrario, a los olmos de la Avenida de la Constitución se les ha cortado raíces y se les ha dejado un cepellón tan escuálido que es incapaz no sólo de soportar al árbol (algunos de los cuales están apuntalados) sino que, al parecer, es incapaz de garantizar la vida del árbol en caso de trasplantarse.
En resumidas cuentas, un desaguisado tras otro. Provocado por una política de obras públicas pensada sólo por y para el coche y por y para buscar votos en las próximas elecciones municipales de mayo de 2007. Por eso las prisas. No porque las obras molesten a vecinos y vecinas, a comerciantes y a todas las personas que vivimos en Granada, sino porque es necesario terminarlas e inaugurarlas antes de mayo de 2007.
Lo que el Sr. Torres Hurtado debería haber hecho es “prevenir antes que talar”. Tendría que haber realizado un diagnóstico previo sobre el estado de los árboles a la vista del cual debería de haber previsto las posibles consecuencias negativas que podrían tener las obras y actuar en consecuencia. Pero el Sr. Torres Hurtado una vez más ha actuado en la política de hechos consumados: se ha lanzado a las obras y ha provocado que más de 80 olmos de sombra que, en el día que escribo este artículo, permanecen en pie, tengan que ser talados.
El ciclo natural de la naturaleza no puede competir con la depredación y arrase que sufren las zonas verdes y el arbolado de Granada. Lo que el alcalde actual lleva a cabo (por acción o por omisión) puede ser calificado como un auténtico atentado contra el patrimonio verde de todos los granadinos y granadinas. Lo mismo que no me gustaría que nadie arrasara la maceta que con mimo cuido en mi casa, tampoco acepto que talen los árboles. Hemos asistido en estos más de tres años de mandato de Torres Hurtado en el Ayuntamiento de Granada a demasiadas talas y desapariciones de arbolado: Severo Ochoa, Plaza de San Isidro, Avenida de la Constitución, Violón, … El alcalde actúa con escasa sensibilidad por el patrimonio verde de todos los granadinos y granadinas y con poco cuidado con su dinero, ya que todo esto se paga con recursos públicos. No quiero ni imaginarme qué hubiese pasado si Torres Hurtado se sale con la suya y hubiese llevado a efecto la propuesta de remodelación integral del Paseo del Salón. ¿Cómo estarían en estos momentos sus hermosos árboles y sus altas palmeras?
Por eso es necesario que se posibilite una mayor garantía de conservación del patrimonio arbóreo de Granada. Por lo que además de la normativa al respecto propongo que, al considerar el arbolado como bien de dominio público, cualquier obra o proyecto en donde se vean implicados deberá contar con un estudio justificativo de las medidas a tomar y una autorización expresa no sólo de urbanismo sino de Parques y Jardines, con una prioridad fundamental: el mantenimiento y trasplante de árboles, para lo que es imprescindible un plano de localización de los árboles, medidas de protección concretas en las que se determinen todas y cada una de las actuaciones a llevar a cabo que permitan el objetivo fundamental: mantener con vida al arbolado.
Esto es lo que dicta el corazón, la razón, el sentido común. Esto es prevenir para no talar.