2006-07-18
Verano de 2006: A propósito de la memoria
Lola Ruiz reivindica la memoria, la reposición, la reafirmación de los valores domocráticos en un homenaje a quienes hicieron posible, segun su parecer, que "hoy estemos aquí"
Calor, hace mucho calor. Muchas personas inician, han iniciado o iniciaran sus vacaciones. Son días de esperanza e ilusión tras un largo año de trabajo. Seguramente en el verano (largo dijeron algunos) del 36 muchas personas tenían previstas sus vacaciones. Seguramente eran diferentes a las actuales. Ir al río Genil a bañarse. Subir por el tranvía hasta el Barranco de San Juan y disfrutar de la helada agua que baja desde la Sierra. O marchar unos días al pueblo, a ver a la familia. Otros, quizá más afortunados, marcharían al extranjero. La gran mayoría saldría de sus casas al caer la noche para adentrarse en los alrededores de la Alhambra, del Paseo de los Tristes o del Salón a respirar el aire fresquito que se colaba entre las arboledas. El verano comenzaba, con sus verbenas y sus bailes. Con sus refrescos y sus helados. Con sus paseos y sus sudores. Podría haber sido otro verano más. Pero no. La bota militar impuso su sinrazón. La vida quedó interrumpida para muchos, para otros perdida, para la gran mayoría, deshecha.
Granada vivió malos tiempos. Porque son malos los tiempos en los que son asesinados quienes defienden la legalidad existente que en aquellos momentos era el legítimo gobierno de la IIª República y el legítimo gobierno municipal encabezado por su alcalde, D. Manuel Fernández Montesinos. Muchas personas fueron víctimas de la represión desencadenada en nuestra ciudad tras el golpe militar. Seres anónimos que perdieron la vida sin que hasta el momento sus familias hayan podido darles el entierro que merecen, porque todavía están desaparecidos entre las piedras de la cuneta de cualquier carretera o en una fosa común cerca de la tapia del cementerio. Otros perdieron el trabajo. A la esperanza y la ilusión le sucedió el miedo. Miedo a la vida y a la muerte. Miedo a respirar. Ante esta situación, las mujeres, que sufrieron la soledad, el abandono, la persecución, la angustia de la crianza sin sus compañeros (muertos, desaparecidos, presos), siguieron y permitieron que muchos de los que hoy estamos aquí podamos relatarlo. A ellas, recuerdo una vez más. Protagonistas anónimas, luchadoras agotadas pero incansables, aquellas que junto a los otros dejaron pedazos de su vida, de sus ilusiones, de sus esperanzas, de sus deseos, de su libertad en la lucha contra el fascismo.
Entre los muertos, perseguidos y represaliados se encontraban personas de reconocido prestigio, Federico García Lorca, el poeta, Manuel Fernández Montesinos, el alcalde, Salvador Vila, el rector, Constantino Ruiz Carnero, el director del periódico el Defensor de Granada, y muchos más representantes legítimos de la ciudadanía (concejales), de la intelectualidad, de la medicina, de las mentes ilustres que trabajaban para conseguir que nuestra ciudad destacara con brillo propio. Que nuestra ciudad fuese un referente cultural y del conocimiento. Que nuestra ciudad avanzara y con ella su ciudadanía.
En este verano de 2006, setenta años después, entro todos los días por la misma puerta que aquellos concejales y aquel alcalde que perdieron su vida por el simple hecho de defender la legalidad democrática. Entro por la misma puerta que aquellos trabajadores que perdieron el empleo, la vida o la esperanza por el simple hecho de estar afiliados a un sindicato o haber sido señalados con el dedo acusador de alguien que tenía sed de venganza. En este verano de 2006, con sus días de calor agobiante y sus tórridas noches, no puedo dejar de pensar en aquellos días.
Y espero que por fin la memoria aflore. Porque hay una terrible enfermedad, el alzheimer a la que todos tenemos miedo. Sin embargo, cuando se trata de un alzheimer social algunos no tienen inconveniente en atajarlo, e incluso lo alientan. Bajo las falsas excusas de que eso es reabrir heridas, de que hay que mirar hacia el futuro, se vierten todavía más kilos de tierra sobre la memoria de los desaparecidos, de los que yacen en las cunetas de las carreteras, de los que aún hoy en día tienen miedo de hablar y asumir su historia. Una historia callada, relatada en susurros, aspirada con lágrimas. Una historia que aún hay que escribir. Para ello es importante que recordemos y recuperemos la memoria de aquellas personas que tuvieron que vivir sin ella durante demasiado tiempo. Ya es hora. Hoy 18 de julio, declarado por el Parlamento europeo, a iniciativa de Izquierda Unida, día oficial de condena de la dictadura franquista. En este año de 2006, Año de la Memoria en homenaje y reconocimiento de la IIª República como antecedente de la Constitución de 1.978 y de todos los hombres y mujeres que fueron víctimas de la guerra civil española, así como de cuantos padecieron más tarde la represión de la dictadura franquista.
Para afrontar el futuro con la mirada limpia, la memoria clara y la esperanza abierta. Es reparación, es dignidad, es justicia. Porque quiero para los hijos de mi hijo que conozcan la memoria, que sepan la historia, que no permanezca en las cunetas sus antepasados, Que miren al futuro con esperanza y que se abran las “grandes alamedas del recuerdo, de la memoria, de la vida, de la justicia y de la democracia”. Por eso estamos aquí, porque hay que conocer la historia para no repetirla y porque cada persona tiene el derecho a saber donde están sus familiares. Esa es la justicia, esa es la idea, eso es lo que pedimos. Quienes lo niegan, niegan el más mínimo derecho humano.
Es reivindicar la memoria, la reposición, la reafirmación de los valores democráticos en un homenaje a todas aquellas personas que hicieron posible que hoy estemos aquí. Antonio Machado dijo: “Unos cuantos hombres (y mujeres) honrados tuvieron la insólita y genial ocurrencia de legislar atenidos a normas estrictamente morales, de gobernar en el sentido esencial de la historia, que es el del porvenir…”. A ellos, a ellas, debemos el poder estar aquí. A ellos, a ellas, les debemos la memoria.